Francisco Agüera-Vega. UAL.
En el año 1917 el ingeniero inglés Archibald Low consiguió manejar un pequeño biplano guiado por radio, abriendo un nuevo campo que despertaría el interés en el ambiente bélico del siglo XX. El Queen bee o el Falconer fueron dos ejemplos de blancos aéreos usados para el entrenamiento de las fuerzas de artillería, así como los sistemas Crossbows, utilizados como señuelos antirradar.
Las mejoras en los procesadores electrónicos, así como la miniaturización de todo tipo de sensores y el desarrollo de software especializado, han permitido el despegue masivo del uso civil de los drones. Las posibilidades son tan variopintas como la localización de bancos de pesca, el mantenimiento de líneas eléctricas, la agricultura de precisión, el desarrollo cartográfico, la inspección de cualquier tipo de infraestructura, etc.
Ante tal desarrollo, el aspecto legislativo ha de jugar un papel clave. Es necesario disponer de una regulación adecuada que permita el desarrollo seguro y ordenado del sector, y que sea flexible para adaptarse a su continua evolución. Actualmente ya hay más de 3200 operadoras de drones habilitadas en España. Las previsiones oficiales anticipan una flota de más de 50.000 drones para uso profesional no militar, 11.000 puestos de trabajo y la generación de ingresos anuales superiores a los 1.200 millones de euros en los próximos 15 años.
